Vivimos en una sociedad donde los valores
escasean, están de baja. Se oye decir mucho: “¡Qué más da…!…¡Todo da
igual!”. Este encogerse de hombros y de energías, singular reflejo de
una crisis de vida, de una época de desaliento y desencanto, de
confusión y de promesas incumplidas, de falta de horizontes…me parece
que tiene una causa: falta de valores.
No es lo mismo la gratitud que la
ingratitud. No es lo mismo la responsabilidad que la irresponsabilidad.
No es lo mismo la sinceridad que la insinceridad. Las cosas no valen
todas igual. Las cosas tienen cada una su propio peso. Cada cosa es
portadora de valores y hay que descubrirlos.
Valor es aquello que hace buenas a las cosas, aquello por lo que las
apreciamos, por lo que son dignas de nuestra atención y deseo. El valor
es todo bien encerrado en las cosas, descubierto con mi inteligencia,
deseado y querido por mi voluntad. Los valores dignifican y acompañan la
existencia de cualquier ser humano.
El hombre podrá apreciarlos, si es educado en ellos. Y educar en los valores es lo mismo que educar moralmente, pues serán los valores los que enseñan al individuo a comportarse como hombre, como persona. Pero se necesita educar en una recta jerarquía de valores.
El hombre podrá apreciarlos, si es educado en ellos. Y educar en los valores es lo mismo que educar moralmente, pues serán los valores los que enseñan al individuo a comportarse como hombre, como persona. Pero se necesita educar en una recta jerarquía de valores.